La Caimanera

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Hace muchos años, yo tenía la costumbre de leer “La Caimanera” en la primera clase de Introducción a la Administración que daba en algunas universidades e institutos universitarios. He estado buscando este artículo en Internet pero mi búsqueda había sido infructuosa. Hoy me levanté decidido a encontrar este valioso documento y, luego de volver a buscar en Internet, decidí registrar algunas carpetas de mi biblioteca y, ¡encontré una fotocopia amarillenta por lo vieja!

A continuación transcribo “La Caimanera” de Alberto Rial.

Sergio F. Sosa Sánchez


 

Los paralelismos entre deporte y trabajo van más allá de lo que cualquiera pudiera pensar a primera vista, y en este artículo, Alberto Rial lo demuestra con una anécdota tan real como la vida misma.

“¿Aló? ¿Juan Carlos? Chamo, mañana hay juego de pelota. Sí, en el mismo sitio del mes pasado, en el terreno que queda más allá de la mata de mango, enfrente de la casa de Andrés. Sí, a las ocho de la mañana. ¿Que tienes rumba esta noche? Tranquilo pana, llégate cuando puedas y pichas dos innings. Yo también tengo salida hoy, después de la oficina, pero de repente no llego tan tarde; total, la idea es como siempre: nos reunimos, le damos unos palazos a la bola, sudamos y después bajamos el calor con unas frías en la taguara de Miguel. Okey, entonces te esperamos; ah, y tráete tres guantes porque estamos cortos con el equipo. Y dile a Atanasio y a Perucho. Yo los llamé hace rato, pero tienen el celular apagado; no te olvides, chao.”

Y amaneció el sábado y se jugó el partido de pelota. Juan Carlos llegó como a las 11 de la mañana, trasnochado, pero pichó tres innings. Atanasio no fue porque nadie le avisó, y Perucho se presentó a la hora de las frías. En total, de 30 personas convocadas a la caimanera se aparecieron 15 en el terreno. Fueron llegando graneados, entre las 8 y las 11, cada quien con una excusa diferente. Que si fulano me llamó a última hora, que si mi mujer me tenía comprometido para unas diligencias, que si tuve que pasar por la oficina porque había trabajo pendiente; total, cualquier cantidad de razones. Pero los panas se divirtieron, sudaron, se burlaron de ellos mismos y, al final, las cervezas sirvieron para alargar el buen rato. Llegaron las cuatro de la tarde y vinieron las despedidas y vamos a vernos el mes que viene y qué bien quedan las cosas cuando no se planifican y saludos a la mujer y a los chamos y me tomo la última y me voy.

La caimanera es una expresión típica de la manera de celebrar y de divertirse que tenemos los venezolanos. Es espontánea, sabrosa y muy afiliativa. Ni el resultado del juego ni otros detalles técnicos, como la hora de llegada o el equilibrio de los equipos, tienen mucha importancia. Lo importante es juntarse con los panas y tener qué contar al día siguiente. Es parte de nuestra cultura y del gusto que sentimos los caribeños por la mamadera de gallo y por el contacto con la gente cercana. Es casi, una forma de vida.

No todo el mundo entiende de caimaneras. En una oportunidad, estábamos asesorando a una empresa inglesa que iniciaba sus operaciones en Venezuela, y tenía problemas de integración entre los empleados criollos y los extranjeros. Un escocés, recién llegado de Aberdeen, se quejaba amargamente de que los venezolanos lo discriminaban cuando organizaban sus diversiones. “Fíjese usted”, nos decía, “que en días pasados me llamaron un viernes para invitarme a un partido que se iba a jugar el sábado. A mi, que tengo ya planificadas mis actividades para los próximos siete fines de semana, me vienen con esto. Es obvio que me llamaron para que no fuera. Además, los venezolanos son muy improvisados: te dicen a las nueve y llegan a las diez. Van a jugar un torneo de béisbol y terminan jugando fútbol. Al final, todo es una risa y nadie sabe quién ganó y quién perdió. Es muy difícil pasar un buen rato en un ambiente tan extraño.”

Vainas de los escoceses, diría uno, que no pueden vivir sin un plan detallado y sin saber a qué hora se bebe el primer trago y cuándo se sirve el último. Bien diferente a nuestra cultura, que sabe improvisar y resuelve y como vaya viniendo vamos viendo y lo pasamos bien sin tanto rollo ni tanta manía con la anticipación.

“¿Aló? ¿Juan Carlos? Sí, chamo, ya formamos la compañía. Quedé yo de presidente, Atanasio de gerente general y tú de vicepresidente. Sí, ya tenemos un cliente, el tipo de la tienda que quiere que le montemos cuatro máquinas y el sistema de contabilidad. ¿Que tú no tienes el sistema? Pero si nos comprometimos con el tipo para ir mañana a montárselo, Juanca. Bueno, sí es verdad, pero yo te dije ayer y tú me confirmaste que sí lo tenías y yo me cuadré con los demás. Ajá, y ahora qué le digo yo al tipo. ¿Que me haga el loco y no vaya? No, no puedo, chamo, yo tengo que ir. No sé, de repente lo llamo y le invento algo, pero él está contando con las máquinas. ¿Y tú no te puedes piratear el sistema de la oficina donde trabajas? Bueno, yo sé que no es perfecto, pero así vamos, le montamos sus hierros a la tienda, le parapeteamos el software para que salga del apuro y la semana que viene volvemos y le dejamos todo listo, ¿okey? Sí, chamo, te espero mañana a las diez. ¿Que no puedes a las diez? Está bien, pero trata de no llegar tan tarde. Sí , las máquinas las llevo yo, las voy a buscar esta noche donde Atanasio, tranquilo. Nos vemos mañana, chao.”

Esta caimanera no funcionó tan bien como la del juego de pelota. De las cuatro máquinas llegaron dos, Juan Carlos se presentó a las tres de la tarde y no pudo quedarse para la instalación porque tenía una diligencia en su trabajo; el sistema pirata trajo un virus que le contaminó los archivos al señor de la tienda. En resumen, un verdadero desastre: un cliente echando espuma por la boca y un trabajo chapucero, por decir lo menos.

Si pudiéramos aprender que el dominó con los panas es una cosa, y la seriedad, planificación y calidad que le debemos a nuestro trabajo es otra, y dejáramos a cada cual en su sitio y oportunidad, seríamos, sin duda, mucho más competitivos. Y podremos seguir divirtiéndonos, cuando nos llegue el momento de la rumba y del partido de los sábados.


 

Preguntas para reflexión:

  • ¿Tu empresa se parece a una “caimanera”?
  • ¿Qué tienen que empezar a hacer en tu empresa hoy mismo para que deje de ser una caimanera?
  • ¿Cuáles son las conductas individuales que hacen de tu empresa una caimanera?
  • ¿Qué deben hacer con aquellos colaboradores que insisten en formar caimaneras dentro de sus equipos de trabajo?

Esperamos sus valiosos comentarios…

Foto tomada del blog historiacaimanera.blogspot.com

Humildad, amabilidad y cortesía

Aprendizaciones 20140624

Muchas personas creen erróneamente que el tener poder o autoridad les otorga el derecho a no ser humildes, no ser amables ni mostrar cortesía hacia los demás. ¡Nada más lejos de la realidad! Este mundo requiere cada vez más de personas que sean humildes, corteses y amables, independientemente de su “nivel” de autoridad o posición de poder. Cada día necesitamos personas que sean más humanas y dejen la arrogancia a un lado.

Muchas personas necesitan comprender profundamente que cada vez que interactúan con otras personas deben ser muy asertivas y respetar las ideas de los demás.

Al final, una cosa es creerse irreverente y otra muy distinta es ser patanes e idiotas al relacionarnos con los demás.

Esperamos sus valiosos comentarios…

¿Todavía te brillan los ojos?

Esta frase la escribí parafraseando una charla TEDx que vi recientemente.

A menudo veo a personas que han perdido el brillo en los ojos, que no sienten el más mínimo entusiasmo al ejecutar su trabajo, que están inmersos en una inercia pasmosa y que no les aporta ni un ápice de felicidad. No importa si ganan mucho dinero porque de nada sirve tener mucho dinero si estamos realizando tareas que no nos apasionan, que no hacen que nos brillen los ojos.

Lamentablamente, a muchas personas les dejaron de brillar los ojos cuando tenían 20 años y, por alguna razón, dejaron de hacer aquello que realmente les apasionaba para dedicarse a hacer cosas que sólo les aportaban dinero. En muchos casos, dejar de hacer lo que nos apasiona nos lleva a vivir como zombies y hasta podemos perder el entusiasmo por la vida.

Hacer lo que verdaderamente nos apasiona no tiene que ser algo que no nos ayude a ganar dinero; ¿qué tal si eso que tanto nos apasiona se convierte en una importante fuente de ingresos? ¿Sabemos cuántas personas están dispuestas a pagar por eso que hacemos de una forma tan especial?

¡Deja de ser un zombie y revisa qué es lo que realmente te apasiona hacer!

¡Vuelve a descubrir qué es lo hace que te brillen los ojos!

Esperamos sus valiosos comentarios…

Jason Silva – Ciudad de las ideas 2012

Explorando en YouTube encontramos este video de la exposición de Jason Silva en el 2012:

Algunas ideas tomadas de este video:

  • La condición humana está definida por nuestra ansiedad por la muerte. Somos la única especie consciente de su mortalidad.
  • A pesar de todos nuestros esfuerzos somos seres mortales.
  • A través de la tecnología estamos ejerciendo la promesa de la solución creativa al problema de la muerte.
  • La tecnología expande nuestra esfera de posibilidades.
  • La tecnología es como un exoesqueleto que expande nuestros pensamientos, nuestro alcance y nuestra visión.
  • La tecnología es la verdadera piel de nuestra especie.
  • Nuestras herramientas son lo que somos.
  • La tecnología evoluciona a una tasa exponencial.
  • Hay que utilizar las tecnologías emergentes para impactar en la vida de miles de millones de personas en una forma positiva.
  • El desafío es despertar la atención mental del letargo de la costumbre y de la película de lo familiar y redireccionarla hacia las maravillas de la existencia.
  • Las ideas transforman el planeta.
  • Las ideas tienen el poder de expandirse.
  • Lo que hace la imaginación es permitirnos concebir las maravillosas posibilidades futuras, escoger la más increíble y empujar el presente hacia adelante para alcanzarla.
  • Sólo cuando nuestra atención está centrada, sólo cuando estamos inmersos en algo, cualquier clase de crecimiento, persuasión o educación puede ocurrir.
  • El estado de asombro tiene ventajas biológicas.
  • Para poder usar la cabeza tenemos que salir de nuestras mentes.
  • El asombro nos ha ayudado a sobrevivir.

Esperamos sus valiosos comentarios…

Nadie puede ser experto en todo…

Aprendizaciones 20160127

Nadie, absolutamente nadie puede ser experto en todo. Vivimos en un mundo donde cada vez hay más personas haciendo cosas distintas, la especialización se ha extendido ampliamente y ¡todavía no hemos visto nada!

¿Qué es lo que sí podemos hacer? Hacer cada vez mejor lo que sabemos hacer, buscar la excelencia en cada cosa que sabemos hacer, mantenernos alejados de la mediocridad a través de la creatividad y la innovación.

Saber delegar se ha convertido en una habilidad que muy pocos tienen y eso los aleja de la excelencia; algunos no delegan por temor a parecer incompetentes y otros dejan de delegar porque no saben cómo delegar.

Los requisitos para alcanzar la excelencia son:

  • conocer cada función que se realiza en nuestra organización, y
  • ser sinceros con nosotros mismos (cosa muy difícil de lograr porque paree que todos queremos ser “superpoderosos”)

Esperamos sus valiosos comentarios…

Todas las personas son diferentes…

Aprendizaciones 20160126

¿Necesitamos recordar algo tan evidente como que todos somos diferentes y nos comportamos de modo diferente?

Tenemos la inevitable tendencia de juzgar duramente a quienes no piensan como nosotros. La cruda realidad es que si queremos fomentar la creatividad, la innovación y el emprendimiento, tenemos que ser más tolerantes con la diversidad de modelos mentales que tienen cada una de las personas que colaboran con nosotros.

Tiene mucho sentido pero seguimos olvidando algo tan evidente…

Espero sus valiosos comentarios…

Sergio F. Sosa Sánchez

No insistas, las personas no son “recursos”

Aprendizaciones 20160125

Tenemos la extraña manía de “cosificarnos” a nosotros mismos. Todavía veo a muchas personas en diferentes empresas llamando “recursos” a las personas que son colaboradores de cada una de las actividades que desarrollan. Estoy convencido en que una forma para empezar a convertir a nuestras empresas en “lugares estupendos para trabajar” es empezar a respetar a cada una de las personas que se ofrece para colaborar en los proyectos que llevamos adelante. Al final, esas personas nos están alquilando su cerebro y su esfuerzo para ayudarnos a conseguir nuestros objetivos.

Preguntas para reflexión:

  • ¿Qué sería distinto si en nuestra empresa dejamos de referirnos a nuestros colaboradores como “obreros” o “recursos humanos”?
  • ¿Qué tanto respetamos a cada uno de nuestros colaboradores?
  • ¿Saludamos a cada una de las personas que nos encontramos en los pasillos de nuestra empresa? (saludar, decir “buenos días” o “buenas tardes” es una forma de demostrar nuestro respeto hacia los demás)

Aprecio sus valiosos comentarios…

Sergio F. Sosa Sánchez