Una ética del lenguaje

Puede que olviden lo que dijiste, pero jamás olvidarán cómo los hiciste sentir.

Carlo Buehner

Para este post tomamos prestado un interesante texto incluido en el libro “La culpa es de la vaca para líderes” de Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo (2012, Intermedio Editores Ltda. ISBN: 978-958-757-142-4):


En un reportaje dado a un diario colombiano, el filósofo francés Michael Lacroix dio a conocer algunos de sus aforismos, motivos de reflexión para los dirigentes de hoy y de mañana, los cuales enmarcó bajo la idea de que se puede construir una ética del lenguaje. Por ser un tema muy importante en las comunicaciones, especialmente para los líderes, las presentamos a continuación:

  • Mi palabra debe ser cordial: debo saludar, despedirme y dar las gracias.
  • Mi palabra debe ser amable: debo dejar en el aire una suerte de puntos suspensivos para que el otro se exprese; no debo ridiculizar a nadie en público.
  • Mi palabra debe ser positiva: debo ser una fuente de inspiración para los demás.
  • Mi palabra debe ser respetuosa de los ausentes: debo evitar el encadenamiento incesante de juicios sobre los demás, como si la conversación fuera un tribunal virtual.
  • Mi palabra debe ser tolerante: debo exponer mi punto de vista de manera no violenta y escuchar las opiniones distintas a la mía. La buena voluntad de discutir y escuchar es el fundamento de la democracia.
  • Mi palabra debe ser la guardiana del mundo: debo mostrar admiración por lo que me rodea, el mundo natural y el social. Es mejor el exceso de admiración que el exceso de desprecio.
  • Mi palabra debe ser responsable del lenguaje: debo hablar bien mi lengua materna, emplear la palabra exacta, respetar la gramática y la pronunciación, tratar de expresarme con elegancia y refinamiento.
  • Mi palabra debe ser verdadera: debo evitar la mentira, los eufemismos hipócritas y las exageraciones injustas.

Preguntas para reflexión:

  • ¿Cuántas de estas características cumplen tus palabras?
  • ¿Hay respeto verdadero en tus palabras?
  • ¿Qué tan tolerante eres?
  • ¿Qué tan honestas son tus palabras?
  • ¿Qué tienes que hacer para alcanzar una mejor ética del lenguaje?
  • ¿Qué tan coherente es tu lenguaje con tu conducta?

Cómo convertirte en un pésimo jefe

Muchas publicaciones sobre gerencia versan sobre las características de los buenos jefes pero no es tan común encontrar cuáles son las características de los pésimos jefes. En este post queremos compartir algunas de ellas:

  1. Subjetividad: una característica frecuente de los pésimos jefes es que toman decisiones de una forma muy subjetiva y sin analizar el panorama completo. Esto hace que tomen decisiones incorrectas que tienen una influencia negativa en la motivación y el desempeño de sus colaboradores.
  2. Ausencia de liderazgo: es común en los malos jefes el no tener liderazgo. Contar con el título de “gerente” no es suficiente; los colaboradores necesitan contar con alguien que “muestre el camino a seguir”.
  3. No dar el ejemplo: muchos jefes exigen cosas que ellos mismos no hacen ni cumplen. Un ejemplo es el de cumplir con el horario de trabajo; es típico de los malos jefes exigir que sus colaboradores lleguen a tiempo a la oficina pero ellos mismos nunca llegan temprano.
  4. No motivar a sus colaboradores: de hecho, los malos jefes son expertos en desmotivar a sus colaboradores y aniquilar las buenas ideas e iniciativas.
  5. No mostrar empatía: saber “ponerse en el lugar del otro” es una habilidad ausente en los pésimos jefes. Los colaboradores terminan sintiendo que son muy poco importantes para sus jefes y creen que son utilizados para beneficio personal de ellos.
  6. No cumplir con las promesas que hace: muchos jefes ofrecen cosas que saben de antemano que no pueden cumplir. Esta conducta hace que los colaboradores se sientan engañados y no crean que vale la pena tener sentido de compromiso con la organización.
  7. Evaluar inadecuadamente el desempeño de sus colaboradores: los pésimos jefes son expertos en hacer evaluaciones basados en las conductas más recientes de sus colaboradores pero olvidan el desempeño que han tenido durante todo el período que van a evaluar. Los pésimos jefes son incapaces de recordar todos los aportes que han hecho sus mejores colaboradores.
  8. Exigir sin dar a cambio: los pésimos jefes son expertos en tener un alto nivel de exigencia con sus colaboradores pero no son capaces de reconocer el valor que aportan a la organización. Para los pésimos jefes, los colaboradores son desechables.
  9. Basar sus decisiones en chismes e intrigas: una pésima práctica ya que las decisiones gerenciales no pueden ni deben obedecer a chismes e intrigas. Antes de tomar una decisión es recomendable escuchar los argumentos de cada una de las partes involucradas.
  10. No apoyar el desarrollo de carrera de sus colaboradores: los pésimos jefes no valoran la formación y capacitación de sus colaboradores; no les interesa contar con personas mejor preparadas ya que los ven como amenazas a su permanencia en el cargo de “gerente”.

Puede que esta lista deba ampliarse por lo que agradecemos que dejen en los comentarios otras características que crean que debemos incluir.

Dos formas de ganar

Algunos ganan cuando otros pierden.

Otros buscan ganar ayudando a otros a tener éxito.

Uno de estos enfoques tiene mejores consecuencias que el otro.

Este post es una adaptación de “Two kinds of winning” de Seth Godin.

¿Estás realmente presente?

Muchos gerentes se preocupan por las personas que dejan de asistir a sus puestos de trabajo. Tal preocupación es válida porque podría tener un serio impacto en la productividad global de la organización. Sin embargo, yo creo que deberíamos preocuparnos menos por esa situación y ocuparnos más por aquellos que asisten a la empresa pero que realmente no están presentes en la empresa.

Es muy probable que veamos a varios de nuestros colaboradores asistiendo con regularidad a la empresa pero en quienes notamos que su mente está ocupada en cosas que están fuera de la empresa. En estos casos deberíamos intervenir más allá de las acciones disciplinarias que lucen como primera solución; deberíamos investigar qué es lo que le preocupa a esos colaboradores y explorar formas en las que podríamos ayudarles a bajar su nivel de ansiedad. La solución no es despedir a esas personas; la solución pasa por reconocer que sus preocupaciones son válidas y para lograrlo debemos ser muy empáticos.

Tenemos que reconocer que el liderazgo no se trata solo de autoridad; también se trata de interesarnos en los problemas de nuestros colaboradores.

Preguntas para reflexión:

  • ¿Qué tan empáticos somos?
  • ¿Ya desarrollamos la habilidad para reconocer que nuestros colaboradores tienen preocupaciones que les están afectando en su desempeño laboral?
  • ¿Hemos desarrollado un nivel de confiabilidad tal como para que nuestros colaboradores nos cuenten sus preocupaciones?
  • ¿Qué tenemos que hacer para encontrar soluciones a los problemas de nuestros colaboradores?

Sobre aprendizaje e innovación…

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El ritmo actual de la innovación es tal que tenemos que mantenernos estudiando constantemente.

Más frases sobre aprendizaje…

Compartimos una compilación de las frases que hemos publicado en nuestra cuenta de Instagram y le pusimos música de Mozart…

¿Ya redactaste tu enunciado de misión personal?

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¿Ya redactaste tu enunciado de misión personal? ¿Qué te hace falta para redactarlo? Esto es algo que no debe postergarse…